Cada 27 de octubre, millones de familias mexicanas recuerdan con amor a sus fieles compañeros peludos que partieron. Esta fecha marca el inicio del ciclo del Día de Muertos y está dedicada a las almas de los animales que alguna vez compartieron la vida con nosotros.
De acuerdo con la tradición popular, durante la noche del 27 al 28 de octubre, los espíritus de perros, gatos y otros animales regresan desde el Mictlán, el inframundo náhuatl, para visitar su hogar guiados por la luz de las velas y el aroma de la flor de cempasúchil.
En muchos hogares, se coloca una pequeña ofrenda para mascotas con su fotografía, juguetes, croquetas, agua, veladoras y flores, como un gesto de gratitud por el amor incondicional que brindaron.
Esta práctica, aunque no oficial, ha cobrado fuerza gracias a su vínculo con las raíces prehispánicas: los antiguos mexicas creían que los xoloitzcuintles guiaban las almas al más allá. Hoy, esa creencia se transforma en una forma moderna de honrar a los animales que siguen presentes en el corazón de sus familias.


